Vremya Musei

Nota: 9 sobre 10

En el Maldà nos volvemos a encontrar con la obra Vremya Musei. Un homenaje a los grandes cómicos del cine mudo en el que nos parece estar viendo a Charlot, Harold Lloyd, Buster Keaton, Jacques Tati… Jordi Font y Toni Guillemat nos vuelven a explicar la historia de dos guardas del Museo Vremya que están esperando la llegada de una gran obra de arte. Es como estar esperando a Godot en una sala de un museo.

La utilización de un lenguaje ininteligible, inventado, que parece una lengua eslava, combinado con un vestuario descuidado y desaliñado, con un ambiente que pretende ser rimbombante pero que no acaba de cuajar… nos recuerda algunos cómics de Tintín, de Mortadelo y Filemón, Charlie Brown…

Vremya Musei ha vuelto al Maldà y no ha perdido su frescura, ni su ritmo, ni su comicidad. Y tampoco ha perdido su crítica mordaz y ácida al arte moderno, aquel arte moderno donde cualquier cosa puede ser arte… ¿por qué no? Si está expuesta en un museo es arte ¿no?

Toni Guillemat y Jordi Font están fantásticos en su papel de guardas de museo, dos adultos que no han perdido su mirada de niños pequeños, sus ganas de jugar… y que consiguen que nosotros, el público, seamos niños por un rato y nos riamos francamente, sin malicia, con ganas, porque nos hacen gracia y ya está. Sin más. Un montaje que parece haber ganado con el tiempo.

El decorado aprovecha muy bien los elementos decorativos y la disposición del Maldà. La iluminación y los efectos de sonidos están cronometrados a la perfección con el montaje. El vestuario es impecable. Los uniformes de los guardas parecen sacados de una tienda de segunda mano, no acaban de quedar nunca bien… y combinan a la perfección con el entorno.

Teatro de gesto, lleno de buen humor y poesía…el paso del tiempo reflejado en la arena de un reloj, es una imagen bellísima y muy bien conseguida.

Vremya Musei ha vuelto al Maldà. Teatro del bueno, para disfrutar y reír con ganas. Vremya Musei es teatro que nos llena el depósito de risas y de buen humor.
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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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