Crítica: Vernissatge

Nota: 9 sobre 10

El Teatre Maldà presenta un texto de Vaclav Havel. Un texto que escribió en los años 70, en plena represión política y cultural. Un texto que es una crítica abierta y contundente a un tipo de gente que, una vez ha conseguido un estatus, se convierte en el azote de toda la gente que hay a su alrededor. Un tipo de gente que, desde su pequeño pedestal, se dedica a sermonear sobre lo que está bien o está mal.

Miqui y Vera invitan a Bernat a su piso. Lo han redecorado y quieren que Bernat, su mejor amigo, sea el primero en ver el resultado. Celebran un “vernissatge”, como si de una galería de arte se tratara. Miqui y Vera visten de forma vistosa, elegante y, en el caso de Miqui, incluso atrevida. Se nota que están a la moda, que saben lo que se lleva. Bernat viste de tonos marrones y oscuros.

Vernissatge, en el Teatre Maldà, es una comedia muy ácida

La visita empieza con mal pie. Bernat trae un ramo de flores. Un ramo de flores muy normal a un piso que es todo de diseño. Y ya intuimos que la visita no será muy agradable. Miqui y Vera, están instalados en el pedestal de que lo que ellos hacen está bien y como está bien para ellos, está bien para todo el mundo. Y desde este convencimiento aconsejan a Bernat sobre su vida, su matrimonio, su pareja, su forma de vestir, su forma de trabajar, su paternidad, sus ambiciones… “Hem pensat molt en tu… en els teus problemes”. “Quins problemes?” replica Bernat, pero Miqui y Vera no responden jamás, solamente se miran entre ellos, y luego miran con lástima a Bernat.

Miqui y Vera han emprendido una cruzada. Han decidido que su vida es perfecta y quieren que Bernat viva como ellos. Ni se les ha ocurrido preguntarle si es realmente lo que él quiere. Desde el pedestal al que están subidos, no ven nada más que no sea a ellos mismos. Pero lo que ven, no es a ellos mismos, es una imagen que proyectan, una imagen irreal, creada para que Bernat pueda disfrutar de ella. Todo es un escaparate, es falso… el pedestal es de barro y se hunde.

Un texto que nos hace reír, con interpretaciones muy buenas, llenas de miradas, de gestos, de casi palabras que no llegan a decirse… un montaje donde es tan importante lo que se dice, como lo que no se dice y lo que se deja adivinar. Un gran trabajo de Alberto Díaz, Xavier Pàmies y Carla Ricart. Una gran dirección de Marilia Samper que ha sabido coger el texto y darle un toque extra con la dirección de actores.

Un escenario sobrio, con muebles de diseño, más útiles para hacer bonito que para tener una función práctica. Un salón minimalista en el que casi no hay lugar para sentarse y poder mantener una conversación. La iluminación juega con el tiempo y va oscureciéndose según pasan las horas. Un reloj de tic-tac se oye en algunos momentos. Un tic-tac que, al final, se hace eterno y lento, como si los segundos no acabaran de pasar nunca, y crea un ambiente angustioso del que Bernat quiere escapar (y nosotros con él).

Vernissatge, en el Teatre Maldà, es una comedia muy ácida, muy agria, que nos enfrenta a nuestras propias convicciones y nos muestra nuestra fragilidad y nuestras ganas de vivir de cara a la galería, creando personajes irreales que queremos mantener como sea. Pero, como ya dijo Abraham Lincoln “no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Tarde o temprano se nos caerá la máscara.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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