Crítica: Revolta de Bruixes – T. Lliure

Nota: 8 sobre 10

En Revolta de Bruixes volvemos a medidos de los años 70… hasta podemos oír como alguien tararea Waterloo de Abba… pero eso es solamente el decorado y la ambientación. Lo que Revolta de Bruixes nos presenta era tan actual en los años 70 como ahora. Un grupo de mujeres de la limpieza empieza un conflicto laboral… la obra nos lo muestra, nos las muestra a ellas a lo largo de su jornada… y descubrimos que son un grupo de mujeres que tienen muy poco en común.

Edades diferentes, situaciones diferentes… parece que lo único que las une es que forman parte de la brigada de limpieza de una empresa. Durante un par de horas, no pueden contar con nadie más que con sus compañeras. Durante unas horas son como una familia.

El Teatre Lliure está haciendo un gran trabajo con la Kompanyia Jove y ahora nos presentan Revolta de bruixes

Es de noche. El vigilante recibe a Aurora… y su encuentro se ve frustrado por la llegada de Sofía. Poco a poco van llegando las otras, Dolors, Paulina, Rita, Filo. Rita saca sus cartas del tarot y pronostica que hay una Emperatriz y una Papisa. Una reina del día y una reina de la noche. Dos formas de ver el mundo y enfrentarse a él. En medio de un conflicto laboral, el grupo se encuentra con que, a falta de una, tiene dos líderes.

Los rifirrafes con el vigilante también pondrán a prueba el grupo y sus pretensiones. Un vigilante que es un hombre mayor, un personaje tan gris que no tiene ni nombre. Solo es “el vigilant”.

En Revolta de Bruixes, Benet i Jornet ha dibujado muy bien a sus brujas. Sofía, la luchadora por los derechos; Rita, aferrada a rituales y tradiciones; Paulina, una mujer apaleada por todo el mundo, que ya no tiene ni ánimo para defenderse; Filo, una joven apasionada que se mueve por impulsos; Aurora, una mujer madura que no ha tirado la toalla y vive de recuerdos aliñados con mucha imaginación; Dolors, una mujer golpeada por el cáncer que ya ha perdido la fe en todo.

Cada una se agarra a la pequeña lucha que han organizado en la empresa. Luchan por un salario justo. La noche es más larga de lo que parecía y, poco a poco, las diferencias van haciendo mella entre ellas. El grupo que empezó unido, empieza a zozobrar, a dar bandazos, a dudar… ¿a quién seguir? ¿A la Emperatriz o la Papisa?

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Revolta de Bruixes está muy bien interpretado por Xicu Masó (vigilant), Chantal Aimée (Aurora), Àurea Márquez (Sofia), Clàudia Benito Paulina, Raquel Ferri (Dolors), Júlia Truyol (Rita) y Andrea Ros (Filomena). El vigilante, sobriamente interpretado por Xicu Masó, nos muestra un hombre derrotado por la vida, gris, sin expectativas, encerrado en su despacho.

El hombre con el poder de comunicarse con los jefes, con el poder de comunicarse con el exterior ya que es el que tiene el único teléfono que funciona durante esas horas, el hombre que controla las llaves, los ascensores… un hombre mezquino con un poder mezquino que no duda en utilizar cuando la situación le sobrepasa y empieza a perder el control.

Àurea Marquez y Júlia Truyol son las líderes opuestas en una revuelta que vemos en tiempo real. Dos abejas reinas que intentan que el enjambre no se desmande. Un enjambre variado, con personajes muy diferenciados, a veces un poco tópicos, muy bien defendidos por Chantal Aimée, Clàudia Benito, Raquel Ferri y Andrea Ros.

En el Teatre Lliure vemos un montaje que rompe los esquemas teatrales, con escenas simultáneas que nos muestran un mundo muy real. Las pantallas se utilizan para mostrar escenas que quedan “fuera” del escenario.

En esta Revolta de Bruixes se ha potenciado el lado más cómico del texto. El uso de diferentes acentos (catalán, valenciano) y la mezcla de catalán y castellano son un reflejo de una época, pero también se utilizan para marcar la comicidad de algunos momentos.

Un montaje que, en algunos momentos, flojea en el ritmo, pero que mantiene el interés del espectador. Siempre hay una escena de grupo o individual que nos llama la atención. El escenario es lo bastante reducido para que podamos abarcarlo todo sin mover la cabeza como en un partido de tenis, lo que nos permite siempre tener una visión global de la obra.

Revolta de Bruixes, en el Teatre Lliure, es una obra que, aunque esté ambientada en los 70, mantiene su actualidad. Los personajes nos resultan conocidos. Una obra que nos hace sentir como en casa.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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