(M)imosa / Twenty Looks or Paris is Burning at The Judson Church

Nota 2 sobre 10

Dentro del ciclo Transaccions, que tiene lugar en el Mercat de les Flors de Barcelona, fuimos a ver (M) Mimosa / Twenty Looks or Paris is Burning at The Judson Church.

Esta pieza, se inspira en un movimiento social, que tuvo lugar a principios de los años 60 en Harlem, Nueva York, y que fue recogido en un documental titulado Paris is Burning, realizado por Jennie Livingston, a finales de los años 80. En él se recoge la problemática racial y las peripecias vitales, de las capas marginales gays del momento.

Gays afro-americanos o latinos, y transgénero, cuya vida transcurría entre la pobreza y la marginalidad, son los protagonistas de este documental. Como escapatoria de un mundo que les oprime y les cierra las puertas del éxito, se refugiaban en unos concursos de baile, lo que les suponía una cierta gloria.

En esos concursos, bailaban, y se expresaban libremente, sin miedo al rechazo social. Se trataba de desfiles similares a los del mundo de la moda, en los que cada personaje adquiría un determinado protagonismo. Además, encontraban un entorno familiar y humano, muchas veces negado por sus auténticas familias. En esos refugios de creatividad, es donde surgió el movimiento Vogue, un estilo de baile, basado en poses de revista, que Madonna se encargó de difundir mundialmente, con su video homónimo (Vogue, 1990).

Judson Church, apareció en los años 60, para revolucionar el mundo del baile. Esta iconoclasta escuela y refugio de creadores, se creó en Nueva York en la Judson Memorial Church. De allí surgió la danza posmoderna, caracterizada por la improvisación y el concepto del “arte por el arte”, es decir, sin ceñirse a ningún tipo de norma ni representatividad, tan solo importaba el acto de crear en sí mismo.

La original mezcla de ambas escuelas es, en un principio, el leitmotiv de (M)imosa.

Aunque el planteamiento, a priori, es muy sugerente, la ejecución de la obra distó mucho de ser lo que se esperaba. En la primera parte, unos ritmos acelerados y tribales, se funden con la protagonista solitaria, en un baile que se hace, a nuestro modo de ver, demasiado repetitivo y pesado, aunque fue la única parte destacable positivamente. Las siguientes apariciones de los bailarines sobre el escenario, añadirán algunas canciones en playback, con escaso interés creativo.

Para rematar, los ejecutores de este show, convendrán en realizar unos discursos en inglés (sin subtítulos) y en un volumen de voz, apenas audible, explicando su trayectoria artística y vital. Con anécdotas cómicas y en un tono de espectáculo de varietés, pretendían conectar (sin lograrlo) con un público, que apenas oía lo que decían. Añadimos a esto, una prepotencia y chulería, que se intuía en su forma de hablar, en un inglés soez, como si los espectadores del Mercat de les Flors, hubiéramos hecho un cursillo de inglés intensivo, en el barrio del Bronx de Nueva York.

Sobre el escenario, la danza era lo de menos, grotescos movimientos pretendidamente improvisados, que carecían de cualquier magia artística. Más bien, se aproximaban a un mal ensayo, incluso algún bailarín consultó el móvil en el propio escenario, dando a entender el tono “casual” del momento. Yo misma consulté mi móvil, pero para saber la hora, y por aburrimiento supino. Al ver que quedaba una hora todavía (duró dos horas y veinte), decidimos abandonar la sala.

Lo que nos transmitió (M)imosa, fue tedio y enfado La trayectoria y el perfil de los bailarines, no auguraban tan penosa representación. Como diríamos aquí coloquialmente, “aburrieron a las ovejas”, que traducido al inglés, sería algo así como “they bored the sheep”.

Ester M. González

Historiadora, apasionada del arte y del diseño gráfico. Yogui por vocación. Me encanta escribir sobre teatro y danza.

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