Crítica: Madame Bovary – En la Sala Muntaner

Nota: 8 sobre 10

Madame Bovary, en la Sala Muntaner, empieza con una afirmación de identidad. Soy Emma. Mi nombre es Emma. Emma Bovary que nos habla de su vida. De una forma apresurada, como si se le estuviera acabando el tiempo y tuviera muchas cosas que contarnos, Emma Bovary nos detalla todo lo que le ha sucedido hasta ese momento.

Aquellos que han leído el libro, verán que el monólogo podría ser un resumen de la historia. Los que no lo han leído, descubrirán un personaje lleno de matices… pero desde un punto de vista que no encontrarán en el libro.

Una obra de teatro emocionante y magistralmente interpretada

El punto de vista de Emma Bovary. Una mujer que busca el ideal romántico, el amor puro, de verdad, que se entrega sin artificios… y que una y otra vez choca contra un mundo de hombres que utilizan a las mujeres como trofeos: la esposa, la amante… El final es evidente. Y en este montaje ni lo cambian, ni lo eliminan. No puede ser de otra manera. “El se creía feliz y yo me esforzaba en creerme enamorada”.

Un escenario oscuro, con muebles oscuros. El vestuario, con aires de época, pero que podría ser atemporal, se completa con pequeños detalles que Emma Bovary aprovecha para ir explicando diferentes momentos de su vida. Si el texto está muy bien trabajado, no podemos decir menos del vestuario, caracterización y escenografía, que ayudan a que el texto y la interpretación sobresalgan. La iluminación que acompaña los movimientos de Emma Bovary en su deambular por el escenario es casi una parte más del decorado.

Madame Bovary vive en un mundo triste, oscuro, que el escenario y el vestuario, que a pesar de ser rojo, parece empolvado y sin vida, nos refuerzan esa tristeza, esa falta de luz, de brillo.

Belén Fabra interpreta a una Madame Bovary llena de vida y de inquietudes y nos transmite su alegría, sus ganas de vivir, de amar y de ser amada. Una Madame Bovary encerrada en un mundo de hombres, hecho a la medida de los hombres, en el que no le dejan ni un resquicio para poder respirar. Una interpretación fantástica.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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