Crítica: Gente Bien – La Cubana

By on 7 noviembre, 2016

Nota 7 sobre 10

Somos admiradores de la Cubana desde hace mucho tiempo, cuando paseaban su pasacalles por las fiestas del barrio de Gràcia, así que fuimos a ver esta versión rusiñolesca, al teatro Coliseum de Barcelona.

Alejados físicamente, aunque no de corazón, del Tívoli, su teatro-fetiche, la compañía dirigida por Jordi Milán, se aventura en un musical de época, “Gente bien”, del polifacético Santiago Rusiñol, escrita en 1917. En ella, el inefable escritor y pintor del Cau Ferrat de Sitges, se burla de una familia catalana de clase social burguesa, que accede a ser noble mediante la compra de un título nobiliario, aunque para ello, tenga que dejar de expresarse en su idioma, el catalán, y tenga que hablar en castellano, para darse “aires de grandeza”.

El nuevo musical de La Cubana que en el que se siente su amor por el teatro

La Cubana, recoge el testigo de su paisano Rusiñol, y emprende un musical donde se pone en evidencia el ridículo que hace una sociedad, que es capaz de cambiar de idioma y expresarse en uno que no le es propio, que le es incómodo, solo porque estaba de moda hablar en castellano entre las clases pudientes de la época. Se cantan expresiones hilarantes, del tipo “hacer lavadero”, o “los que remueven las cerezas”, “hacerlas de la altura de un campanario”, traducciones literales de frases hechas catalanas.

La familia protagonista, irá evolucionando con el paso de las décadas, y ya situados en los años ochenta, deciden cambiar el castellano por el catalán, hacerse independentistas, y formar parte de la Gauche Divine, aunque siempre por aparentar, claro está.

Los diferentes números musicales se suceden, y están muy logrados musical e interpretativamente, pero enseguida empiezan unos “problemillas técnicos” ficticios, que se tendrán que arreglar con ayuda del público. Estas interrupciones que animan al público a participar, interrumpen el ritmo del musical. El director de la obra “Armando”, que no es otro, que el propio director de la Cubana, Jordi Milán, cobra un protagonismo desmesurado, en una charla con el público, que nos pareció demasiado larga. Se abusa del “enfado” de los actores, al tener que interpretar varios papeles, y de otros temas que van surgiendo, que si bien son graciosos, rompen el ritmo de la obra.

El escenario se abre varias veces y se muestran las bambalinas. De ellas surgen los actores preparándose el papel, y se hace un homenaje a Cegada de amor y a Cómeme el coco negro, entre otros montajes clásicos de la compañía.

El batiburrillo tan característico de La Cubana, va in crescendo a medida que va avanzando la obra, hasta que finalmente, se hace recapitulación de lo vivido en tantos años de existencia de la compañía teatral. Sobre el escenario, las dos actrices míticas, Mont Plans y Mercè Comas, y el propio director Jordi Milán, reflexionan sobre sus inicios, sobre el teatro y sobre sus vidas, en una función donde el amor al teatro es palpable, y la manera de ser de La Cubana, en su madurez, se nos muestra en retrospectiva. Quizás, a modo de despedida… Us estimem!

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About Ester M. González

Historiadora, apasionada del arte y del diseño gráfico. Yogui por vocación. Me encanta escribir sobre teatro y danza. 🎭

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