Crítica: El padre

Nota: 9 sobre 10

Un hombre viejo, Andrés, establece diálogos con Ana, su hija y su yerno. Pero a veces Ana no es Ana, y su yerno no es su yerno. Su casa no es su casa. O sí. Andrés intenta explicar que están intentando engañarle, engañar al mundo, presentar una realidad que no es. Su angustia, al ver que no consigue que le crean, es lacerante. Duele en el alma ver su desesperación al intentar explicar su visión de las cosas a las personas que aparecen en su entorno y que parece que están todas conchabadas para presentarlo como a un viejo loco.

De escena en escena, podemos ver el deterioro de Andrés, si miramos a través de los ojos de Ana… pero también vemos que las cosas tienen otra versión, si miramos a través de los ojos de Andrés. ¿Qué es verdad? ¿Cuál es la realidad? De escena en escena, vemos como se va vaciando el escenario de objetos, de puntos de referencia, como los recuerdos de Andrés, que parecen volatilizarse… pero ¿de verdad está perdiendo la memoria o es que prefiere no recordar aquello que le hace daño?

Un Héctor Alterio formidable en la obra de teatro “El padre”

Como si de un cómic se tratara, un claroscuro, un cambio de viñeta, y aparece una nueva escena. Los personajes se mezclan y no sabemos nunca quién es quién. Andrés se desespera. Nosotros también.

La obra de teatro El padre es una historia que parece una película de suspense, un thriller psicológico en el que los espectadores no sabemos nunca dónde estamos. Un comentario parece darnos un momento de seguridad para pasar enseguida a la duda, con una intervención de Andrés. Nos parece estar viendo Testigo de Cargo o Luz de Gas. Guiños a Hitchcock en un montaje que hace reír porque tiene unos diálogos muy inteligentes, llenos de ironía y segundas intenciones.

Hector Alterio está formidable. No es solo su forma de hablar, es el gesto, el movimiento, la expresión… un conjunto de elementos que utiliza para interpretar a Andrés. Un hombre viejo que duda de todo y de todos. Un hombre que nos hace dudar.

©Foto Marieta

©Foto Marieta

Ana Labordeta es la hija abnegada, o no tanto, que cuida de Andrés. La acompañan en su ardua tarea, Luís Rallo y Miguel Hermoso, que interpretan al yerno, ex-marido, novio o lo que se tercie… porque, con Andrés y con Ana por medio, es difícil saber quien es. Y los dos actores tampoco lo ponen fácil. Completan el reparto Zaira Montes y María González. Todos ellos cumplen con oficio y su interpretación es correcta, y su interpretación un poco más forzada refuerza el aire de impostura de todo lo que vemos. Pero es que ante el despliegue de medios de Hector Alterio, parece que todos queden en la sombra.

Lo único que hay que recriminar al montaje es que los diálogos, a veces, se pierden hacia el final de platea. Un sistema de micrófonos sería de gran ayuda para no perder las réplicas de Andrés, los susurros de Ana… en una obra donde el diálogo es tan importante y está lleno de toma y daca, es imprescindible no perderse ni una sílaba.

El Padre, en el teatro Romea, es una obra que hace reír mucho, pero también nos mantiene en vilo hasta el final. Y al final tampoco acabaremos teniendo claro quién miente y quién manipula. Que Ana es mucha Ana… pero Andrés también es mucho Andrés.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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