Crítica: El Miracle d’Anne Sullivan

Nota: 9 sobre 10

El Miracle d’Anne Sullivan es una historia más que conocida. Poca gente debe haber que no ha visto alguna vez alguna versión cinematográifica de la vida de Helen Keller y de su profesora, Anne Sullivan. El montaje que nos presentan en el Teatre del Raval no presenta novedades en el argumento. La historia fue la que fue, y ya es muy impactante por si sola como para ir añadiendo elementos imaginativos.

Hellen Keller, una niña que se quedó ciega y sorda siendo un bebé, vive con su familia que no sabe qué hacer con ella. Contratan a Anne Sullivan para que la domestique un poco, como si de un animal se tratara… y Anne Sullivan hace mucho más: despierta la persona que está encerrada en un mundo sin luz ni sonidos.

El Miracle d’Anne Sullivan, en el teatro del Raval, va mucho más allá de un texto pedagógico, más allá de educación… en algunos momentos nos mira a nosotros y nos dice “la obediencia sin conocimiento es también una forma de ignorancia”. A veces, los que creen que ven más y mejor, son los que están más ciegos. Anna Sullivan abre los ojos a Hellen Keller, y también a toda su familia. Y a nosotros.

“Conoce las palabras pero no sabe qué significan”. Hellen Keller no entiende. Sus padres no entienden. Y nosotros, desde platea, nos sentimos cómodos porque sí que entendemos. Pero Anne Sullivan nos hace sentir que nuestra comodidad es ficticia, que hay muchas cosas que no vemos, que podemos ser tan ciegos y sordos como Hellen Keller.

El escenario está muy bien diseñado y permite distinguir los diferentes espacios de la casa, sin que sea necesario hacer cambios durante la obra. El mobiliario, el atrezzo, ventanales, la iluminación… todo ayuda a definir los espacios. Y esta fluidez en el escenario también se disfruta en el montaje, en el que las escenas se suceden sin demasiadas pausas, de forma fluida. El vestuario, la caracterización, la iluminación , los efectos sonoros… todo está cuidado con esmero y detalle.

El reparto es excepcional. Arthur Keller, Jep Barceló; Kate Keller, Andrea Portella; Tieta Eva, Rosa Serra; James Keller, Carles Garcia; Amagnos/Doctor, Màrius Hernández i Viney, Tai Fati nos presentan una familia adinerada americana. Una familia que tiene un estatus y debe aparentarlo a todas hora. Unos personajes que pueden parecer secundarios pero que forman parte del complejo mundo que, en poco más de una hora, se nos presenta ante nuestros ojos. Pero merecen un aplauso extraordinario Mar Ferren en el papel de Helen Keller y Míriam Escurriola, que interpreta a Anne Sullivan. Las dos llevan el peso de la obra y están maravillosas. Su trabajo es excelente.

Del montaje, quizás, solamente faltaría un detalle. Cuando acabó la función, una chica joven (había mucho público joven) comentó: “qué argumento tan bueno”. Era evidente que no conocía la historia de Helen Keller ni Anne Sullivan, que no sabía que aquello que acababa de ver no era un “argumento” sino que se trataba de hechos reales teatralizados.

Al final de la obra, Anne Sullivan se queda sola unos minutos en escena… tal vez estaría bien aprovechar ese momento para que comentara que Helen Keller llegó a estudiar en la Universidad, que dio conferencias alrededor del mundo, que se relaciono con científicos, escritores y presidentes de diferentes países… estaría bien que la historia de Helen Keller, la de Anne Sullivan y su milagro, quedaran como algo más que un cuento de hadas. Porque la vida supera cualquier ficción.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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