Crítica: No exit

Nota: 6 sobre 10

Tres personas se encuentran en una habitación cerrada. Van llegando de uno en uno, acompañados por un mayordomo solícito, que jamás pierde su compostura.

Garcín, Inés y Estelle saben muy bien donde están: en el infierno. Pero el infierno es una sorpresa para ellos. No hay fuego, ni tenazas ardientes, ni torturas físicas… el mayordomo les recuerda, muy solícito, que nadie ha regresado jamás para contar lo que ha visto. Si nadie ha regresado jamás, todo lo que sabemos del infierno son elucubraciones y nada más.

No exit es un texto magnífico de Jean Paul Sartre en el Akademia 

Garcín, Inés y Estelle se ven obligados a convivir en esa habitación para la eternidad. Una silla para cada uno, una estatua de madera, una cámara de vigilancia que los conecta no saben donde, una puerta cerrada y un timbre para llamar al mayordomo que funciona cuando quiere.

Tres personajes muy diferentes que tienen más puntos en común de lo que les gustaría. Tres personajes con un pasado que no han olvidado al llegar al infierno. Tres personajes obligados a ver cómo la vida en la tierra continúa sin ellos.

Un infierno impoluto, blanco, luminoso… un infierno que no lo parece. Pero es un infierno, porque, al final, los tres personajes entienden qué hacen ahí y por qué están ellos encerrados juntos. “L’infern són els altres”. El infierno somos nosotros para nosotros y para los demás.

La escenografía es claustrofóbica. El espacio queda reducido por las paredes de la habitación infernal. Una pantalla nos muestra las imágenes que veríamos si estuviéramos en el centro de control del infierno. El mayordomo vigila la habitación desde un punto alto… y también nos vigila a nosotros, si perder jamás la compostura.

El vestuario y la caracterización definen a cada personaje en el momento de su muerte.

Oriol Casals, Laura Pujolràs y Aida Oset son Garcín, Estelle e Inés, respectivamente. Una interpretación que fue muy convincente en los momentos más fríos y distantes de los personajes, pero que no acababa de cuajar en las escenas más violentas. Jaume Viñas fue el mayordomo (papel que también interpreta Pau Sastre), un mayordomo al más puro estilo británico con un punto de condescendencia, pero siempre elegante y sin perder jamás las formas.

No exit es un texto magnífico de Jean Paul Sartre que no acaba de quedar bien atado en este montaje y deja espacios y lagunas que no llegan al espectador.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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