Crítica: Las personas y el verbo

Nota: 9 sobre 10

En el Teatre Lliure de Barcelona, nos econtramos con un trabajo de artesanía delicada y fina, un trabajo de filigrana meticuloso y bien realizado que nos deja con la boca abierta. A partir de los textos y poemas de Jaime Gil de Biedma, hacemos un recorrido por su vida y por la historia más reciente de nuestro país. “Soy un burgués, pero me parece muy mal la burguesía”. “Mientras el comunismo no esté en el poder, yo estaré de su lado… luego… ya se verá…” “El franquismo se hacía interminable… tanto, que inventamos la Gauche Divine.” Una vida llena de gente que fue un referente cultural en nuestro país… una vida de trabajo en Tabacos de Filipinas… y también de escritura, de búsqueda, de amor, de desamor…

Ivan Benet, Pep Munné y Mario Gas son la voz de Jaime Gil de Biedma. Una voz que es un coro, que es él, y nosotros, todos. Una voz que utiliza las palabras con gran maestría, que juega con ellas y construye textos que se mueven entre la descripción casi histórica, entre el poema, el texto crudo, la canción… Judit Farrés es cada una de las mujeres que, en algún momento, estuvo al lado de Jaime Gil de Biedma. Es una mujer y podrían ser todas.

El espectáculo, de casi dos horas de duración, no se hace ni largo ni cansado. La narración de los tres actores es fluida y fácil, en algunos momentos, casi ligera. Los espectadores nos sentimos parte de esos textos. Ya no es solo Jaime Gil de Biedma. También somos nosotros. También es nuestra voz. “Yo creía que quería ser poeta, en el fondo, quería ser poesía.” “El haber escrito algunos poemas está bien, pero no me habrá servido para nada.”

Ivan Benet, Pep Munné y Mario Gas podrían ser tres representaciones del poeta, en diferentes épocas de su vida. Pero la dirección de Joan Ollé ha ido más allá, y los papeles se intercambian. No es un solo hombre. No soy yo. Soy yo, y tú, y ellos, y nosotros.

La escenografía parece un viejo teatro que ha sufrido un incendio “Vivir como un noble arruinado, entre las ruinas de mi inteligencia”, con proyecciones puntuales que refuerzan el texto que nos están recitando. Y la música que todo lo envuelve, con canciones cantadas por Judit Farrés. Interpretaciones que se hacen íntimas y nos hacen sentir acogidos. La iluminación también es un elemento más del montaje, una iluminación que se mueve con los cuatro actores. Una iluminación que se mueve entre la calidez y el intimismo. El vestuario nos define, al principio, tres épocas diferentes… pero, con el paso del tiempo, se va unificando. El yo se convierte en nosotros.

Las palabras y el verbo, en el Teatre Lliure, es un montaje que hay que ver. Nos servirá para descubrir una figura literaria reciente que muchos tendrán olvidada, para recordar una época de nuestro país que se mueve entre luces y muchas sombras, y para redescubrir la fuerza de las palabras.

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Nicolas Larruy

M'agrada el teatre. Sempre m'ha agradat. El teatre em fa pensar, em remou les entranyes, em commou, em fa riure, em fa plorar, em fa enrabiar... i té la màgia del directe. Sempre és diferent, únic, irrepetible.

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