Crítica: Daurrodó

Nota: 8 sobre 10

Enmarcado en dentro del actual Festival Grec 2016, que se está desarrollando actualmente en Barcelona, se encuentra Daurrodó, una propuesta que se adapta a la perfección, a las preferencias multidisciplinares, que este año son imprescindibles en nuestro ya cuarentón festival de teatro de Barcelona.

En un primer momento, a modo de túnel del terror, nos sorprende una instalación artística y teatralizada como pre-aperitivo, de lo que va a ser, un continuo jugar con el público, a la vez de remover su conciencia. En esta mezcla de circo, danza, de títeres y máscaras se va a mover este espectáculo, narrado a su vez por uno de sus autores, el titiritero Joan Baixas, en colaboración con el artista visual brasileño, Cildo Meireles.

Un espectáculo que forma parte del Grec 2016: Daurrodó

Los actores se mueven por el escenario, vestidos con ropajes y pelajes muy diversos, pero que resumen las obsesiones que ambos artistas han querido transferir en esta obra: el materialismo del mundo actual, el poder de los estados y la alienación del individuo, que no es más que un títere, que asemeja un burro al que le atan una zanahoria con un palo para que trabaje, sin poder llegar a conseguirla jamás. Nos chocó el personaje de la “alfombra humana” compuesta por billetes, que se arrastraba por el suelo, así como el personaje de los periódicos amontonados, representando el poder de engaño de los medios de comunicación y sobretodo el personaje del brujo de la tribu, vestido por múltiples banderas, metáfora visual del poder político de los Estados sobre el individuo.

Este espectáculo de Barcelona es y quiere ser un batiburrillo de denuncia (con rabia), de las injusticias de este mundo, a modo de imágenes visuales muy potentes, aunque algunas no fueron captadas por los espectadores, a nuestro modo de ver, y se quedaron en la superficie debido al carácter lúdico que parecía tener, y en el que el título de la obra Daurrodó, no ayudaba precisamente a hacerse una idea de lo que se vería dentro.

En Daurrodó se hablan de temas como la contaminación de los ríos, la desforestación del Amazonas, las matanzas de indios por parte de las empresas madereras, son tratados y denunciados sin tapujos. También incluye una narración muy poética, un cuento de Joao Guimaraes-Rosa, sobre la relación de un individuo con su padre, que bien pudiera ser una metáfora de la relación del ser humano con Dios, y está teatralizada magistralmente por Joan Baixas, con un títere compuesto de papel arrugado, que parece adquirir vida propia.

En este barullo buscado, que nos recuerda los mejores momentos del Dadaísmo, se mueven los títeres y personajes de carne y hueso de Daurrodó, una propuesta del Grec, comprometida con la realidad social, con la esencia del ser humano, y con su eterna búsqueda de la libertad.

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Ester M. González

Historiadora, apasionada del arte y del diseño gráfico. Yogui por vocación. Me encanta escribir sobre teatro y danza.

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