Cabo San Roque en Arts Santa Monica

Por Laia Sanjuan

Entras en una sala oscura llena de artilugios que tocan música de forma imprevisible y ves una serie de objetos cotidianos que se sincronizan para orquestar lo extraordinario.

Unas lucecitas blancas, rojas y amarillas parpadean a compás y van indicando qué instrumento animado entra en acción.

Una máquina de escribir teclea por arte de magia una partitura rítmica. Un reloj de música marca el tiempo con su incesante tic-tac. Algunas botellas entonan arpegios burbujeantes con extrema precisión, mientras se ilumina el laboratorio de alquimia sonora, de música hidráulica, que subvierte las leyes de la física y la química escénica.

Una cuchara sopera golpea ritmos sin pausa. Una lavadora centrifuga las notas. Un peine desenreda sonidos. Varios pianos enanos flotan en el ambiente melómano que decora el espacio, junto a los violines, violonchelos y contrabajos de formas insólitas.

Cabosanroque

En un momento dado, tres micrófonos se empiezan a balancearse sobre unos altavoces originando disonancias acopladas a tempo.

Un acordeón respira profundamente y sus teclas se activan de manera invisible. Unas flautas improvisan sin que nadie les insufle aire.

Es como una selva de animales casi mitológicos, que aullan, se mueven y viven con y para la música.

Hay una jaula con pájaros de papel que silban a su antojo. Un coro de caracolas de mar afina su voz de nácar. De pronto, escuchas un revoloteo de insectos metálicos, que susurran con sus alas de hierro imitando al viento. Un conjunto de trompetas con forma de planta, exuberante y plateada, completa la melodía. Una guitarra acuática con tres mástiles les acompaña. También hay un árbol mecánico e infinitos sonidos nimios, sincronizados con buen gusto y mucho atrevimiento. Es un bosque artificial de seres inertes que se movilizan de manera orgánica, en una aleatoriedad sincopada que ilumina de forma brillante la incertidumbre.

Los compositores juegan con las coincidencias acústicas y te transportan a un mundo de sorpresas permanentes y probabilidades agradables. Todo está perfectamente preparado y a punto de intervenir, pero nunca sabes por donde aparecerá la música.

Cabosanroque

Es una orquesta de cosas raras que hacen rarezas, de bidones oxidados y latas recicladas, timbres de bicicleta, ollas y sartenes e innumerables objetos que son percudidos por la nada en un experimento sonoro irrepetible.

Los niños se exaltan y corren de un sitio a otro persiguiendo el origen de los sonidos, intentando averiguar qué impulsa cada autómata. Los adultos sonríen, atónitos, ante el poder musical de lo inexplicable.

Los autores de este increíble invento son Laia Torrents y Roger Aixut.

Esta exposición es visualmente impactante y musicalmente insólita y es una experiencia única que hay que disfrutar. Dura unos 50 minutos, pero puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

Y está a tu alcance de forma gratuita en el centro Arts Santa Mònica, al final de La Rambla (num 7), hasta el 12 de abril, de martes a sábado de 11 a 21h y los domingos y festivos de 11 a 17h.

Elia Tabuenca

Filóloga y periodista, amante del mundo de las letras y de la cultura. Directora de la cía de teatro LetrasConVoz.

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