Crítica: Bruto, el poder o la virtud

“La historia siempre es un rumor” dice Bruto en el poder o la virtud, la nueva obra que presenta la Sala Fènix y que interpreta Felipe Cabezas, actor (Houdini, Inferno, L’ultima notte del Capitano) y director de la sala, bajo la dirección de Marcela Terra (La Espera, Simone) dentro de la compañía Meridiano 70ymedio Teatro.

Bruto, inspirado en la obra de Julio César de William Shakespeare, remueve las conciencias a través de una crítica social que aunque se sitúa en la antigua Roma no deja de ser un discurso sobre la tiranía que bien podría aplicarse a nuestra sociedad que aún sufre las consecuencias del poder, la explotación y el abuso.

Un intenso monólogo inspirado en Julio César de Shakespeare

Se trata de un discurso racional entre los sentimientos de Bruto, que ama a su patria más que al tirano, ante un pueblo que se dibuja como una masa fuertemente manipulable y sobre todo su lealtad y amistad hacia Julio César. A diferencia de la historia que ha llegado hasta nuestros días, se plantea el dilema moral desde el punto de vista del asesino del César pero gran defensor de la república y la democracia, desde la humanidad de un personaje que se cuestiona sus propias acciones y lucha contra sus propios demonios mientras recurre a las imágenes de su infancia e incluso acude a su madre.

Un monólogo que apela a la reflexión, a la intimidad de un hombre que se desnuda a través de sus pensamientos y sigue a un corazón que es profundamente leal a su pueblo. Bruto se autoconvence en aras de la dignidad humana, la libertad y la esperanza de salvar a Roma de un dictador que para su desgracia es un íntimo amigo suyo.

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En esta obra de teatro en Barcelona vemos a un Bruto devastado, en un escenario minimalista, una cárcel, un hombre, un puñal y su palabra contra el mundo. Felipe Cabezas interpreta con fuerza un hombre que en el fondo ya sabe lo que debe hacer y que tomándose la justicia por la mano se convierte en un fanático de su propia verdad inquebrantable en un mundo en el que no encuentra comprensión y que le da la espalda.

Pero en este monólogo no solo aparece Bruto sino que vemos en la piel del actor la figura del recuerdo de César y la fuerza de Marco Antonio con tan solo un cambio de voz, de energía y de un pequeño movimiento claramente distinguible. Un reto para cualquier actor que se enfrenta solo a un texto de gran complejidad en la piel de una figura histórica, con la dificultad que eso conlleva, y que resuelve en 70 minutos con una pasión envidiable.

Bruto, el poder o la virtud es una reivindicación de la figura de un hombre que históricamente ha llegado a nuestros días bajo la etiqueta de traidor de Roma pero que quizás, como la historia la escriben los ganadores, se sacrificó por su patria aunque ésta finalmente lo abandonó y no reconoció sus auténticas intenciones. ¿Cuál es la verdad? nunca lo sabremos.

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Aida Deturck

Periodista y Actriz. Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas.

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